Una mujer increíble.

Hoy, con motivo del 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora (de TODAS las mujeres, vamos), me ha dado por contaros una historia, un cuento, un relato sobre una mujer increíble. Espero que os guste tanto como a mí:

Hace cerca de 30 años una mujer joven se instaló con su también joven marido en una gran ciudad en la que prácticamente todo era nuevo para ellos. Llevaban más o menos dos años casados y tenían una bonita niña de un añito. Iban a comenzar una nueva etapa lejos de sus familias – que dejaban en el pueblo – totalmente independientes e ilusionados, con un nuevo hogar y nuevos trabajos a los que adaptarse.

La mujer había buscado una buena guardería para su hija. Se le hizo muy duro dejarla allí el primer día, pero era una niña muy abierta que se adaptaba muy bien a los cambios y a las caras nuevas. Y menos mal, porque todavía no sabían lo que les esperaba.

A los pocos meses de ese comienzo, cuando todo empezaba a fluir con normalidad y ya se habían acostumbrado a la vida frenética de la ciudad, la mujer recibió una llamada ilusionante que llevaba días esperando: eran sus jefes, la llamaban para decirle que ese cambio de puesto que estaba esperando por fin había llegado, ¡qué maravilla! 😀 Pero la ilusión duró poco. Era un cambio de puesto, sí, pero en otro lugar, y no en otra ciudad, sino en un pequeño pueblo de interior perdido entre montañas.

Por su carrera y su situación laboral no podía renunciar al puesto. Todo había cambiado en cuestión de minutos. Vuelta a empezar, otro cambio, otra mudanza, otra vez las mismas dudas y temores que ya tenía superados después del último cambio… En fin, había que hacer de tripas corazón y ponerse en marcha.

Al día siguiente de la llamada y después de dejar a su hija en la guardería y despedirse de su marido, cogió el coche y se dirigió a conocer su nuevo destino.

El pueblo estaba muy escondido. Una carretera secundaria, estrecha y con muchas curvas, era lo único que lo unían con el resto de mundo.

Tras una hora y media de viaje, la mujer llegó a la que iba a ser su casa en el futuro más próximo. El pueblo era pequeño pero bonito, la casa algo antigua, pero muy grande (se la ponían en el trabajo, así que poco poder de decisión tenía en ese aspecto) y la gente le había resultado muy amable. Prácticamente todo el pueblo (no mucho más de 100 personas) se habían enterado de su llegada, así que todos se habían volcado con ella para que se encontrase como en casa.

A pesar del gran apoyo que recibió de los vecinos, los primeros días se sintió muy sola. Tuvo que dejar durante varias semanas a la niña con sus abuelos, y su marido no podía dejar su trabajo, así que decidieron que él haría el trayecto de ida y vuelta cada día para al menos dormir en casa junto a ella. Tras un periodo de tiempo considerable y a pesar de que la niña todavía no estaba en edad escolar (había cumplido recientemente los dos años), tuvieron suerte y la aceptaron en el colegio del pueblo. La niña volvía a casa y estaban de nuevo los tres juntos 🙂

Poco a poco todo fue mejorando. Lo que en un principio había supuesto un miedo tremendo a no poder tener una vida plena en un pueblo como aquel, se convirtió en una suerte enorme. 

La niña crecía feliz, se pasaba las tardes después del colegio jugando por las calles con los otros 5 niños que había en el pueblo, con toda la tranquilidad que supone un pueblo pequeño. Allí todo el mundo la quería un montón y si algo malo le pasase, cualquiera les ayudaría.

El marido había conseguido trasladarse a una ciudad más cercana al pueblo. Seguía bajando y subiendo cada día, pero al menos el trayecto no era tan pesado.

Y la mujer… la mujer se sentía completa. Estaba realizando el trabajo que más le gustaba del mundo, rodeada de gente que le cuidaba como si fuesen su familia, siempre agradecidos a todo lo que hacía por ellos. Creciendo como persona en un lugar maravilloso, sin lujos ni caprichos, pero feliz de poder estar allí con su hija y su marido.

Pasó allí muchos años, los más importantes y decisivos de su vida. Conoció a gente estupenda que todavía a día de hoy siguen siendo parte de su círculo más cercano. Siempre que puede se escapa al pueblo desde el lugar en el que vive ahora, buscando la desconexión y la paz que le ofrecen aquellas montañas que tanto disfrutó durante tanto tiempo.

Este verano se llevó allí a toda su familia, ¡la hicieron pregonera de las fiestas mayores! Allí me enteré yo de su historia, y en parte de la mía. Esa mujer es mi madre. Me siento orgullosa de ella, de que no le diese miedo ese cambio inesperado en el que seguramente no era el mejor momento para afrontarlo, pero fue valiente y lo hizo. Y gracias a eso hoy soy la persona que soy.

No sé si habré heredado su valentía o su fortaleza, pero si no es así, sé que al menos la tengo a mi lado, que me dará los ánimos que necesite en el momento que los necesite, y que siempre me ayudará a mirar hacia adelante dejando atrás los miedos e indecisiones sin dudar ni un segundo.

Mamá, eres una mujer increíble.

signatura

 

2 comentarios en “Una mujer increíble.

  1. mimundoymisideas dijo:

    Una historia preciosa!!! 👏👏 A veces las decisiones mas dificiles son las que nos llevan a vi ir las mejores historias. Estoy segura que has heredado esa fuerza y esa valentía y que tu madre esta muy muy orgusosa de ti! 🙂

    Neus

    Me gusta

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